MARLON BRANDO (1924 - 2004)

ALGUNAS PELICULAS

 

 

 

 

 

"Hombres" (1950), de Fred Zinnemann

"Un tranvía llamado Deseo" (1951), Elia Kazan

"Salvaje" (1954), de László Benedek,

"La ley del silencio" (1954), Elia Kazan

"Piel de serpiente" (1959), de Sidney Lumet

"El baile de los malditos" (1958), Edward Dmytryk

"Viva Zapata" (1952), de Elia Kazan,

"Julio César" (1953), de Joseph L. Mankiewicz,

" El padrino"(1972), Francis Ford Coppola

"Superman" (1978), de Richard Donner,

 

BIOGRAFIA

(Omaha, Nebraska, 1924 - Los Ángeles, 2004) Actor de cine estadounidense, considerado uno de los mayores mitos de la historia del cine. Marlon Brando era el tercero de los hijos del matrimonio formado por Dorothy Pennebaker, de sangre irlandesa, y Marlon Brando, descendiente de franceses que americanizaron su apellido original, «Brandeau».

Rebelde desde la niñez, el joven Bud (era su sobrenombre familiar) ingresó con dieciséis años, en contra de su voluntad, en la Shattuck Military Academy de Fairbult, Minnesota, donde lejos de «enderezarse», fue expulsado dos años después por insubordinación. Obligado entonces a trabajar en lo que fuera, fue albañil y conductor de excavadoras mientras sus hermanas se independizaban y partían a Nueva York para probar suerte en el teatro. A comienzos de 1943 se fue a vivir con su hermana Joselyn con el mismo objetivo,

Una recomendación lo condujo ante Erwin Piscator, director del Dramatic Workshop en la New School for Social Research, embrión del Actor’s Studio. Allí asistió a las clases de Stella Alder,

Una decena de obras entre 1944 y 1947 (Molière, Shakespeare, Ben Hetch, Cocteau, Bernard Shaw...) foguearon su talento, y le bastaron dos frases para convencer a Tennessee Williams de que se hallaba ante el intérprete ideal para encarnar por primera vez al Stanley Kowalski de Un tranvía llamado Deseo. Con el beneplácito del dramaturgo y la dirección de Elia Kazan, Brando fue un Kowalski nunca superado, y de la noche a la mañana consiguió que todo Broadway hablara de él.

El éxito rotundo del montaje propició su versión cinematográfica. Y el actor, que ya había debutado en Hombres (1950), de Fred Zinnemann, supo trasladar a la pantalla toda la fuerza y los matices con que había dotado a su personaje en la escena, aunque su poder de seducción se multiplicó. Con Un tranvía llamado Deseo (1951), Marlon Brando no sólo adquirió una inmediata fama mundial: con ella nació el mito. Un icono que imitaron sus contemporáneos y que medio siglo después no se ha extinguido.

¡Salvaje! (1954), de László Benedek, o Piel de serpiente (1959), de Sidney Lumet. Otro filme destacable de aquellos años fue El baile de los malditos (1958), que permitió a Brando dar muestra de su versatilidad interpretativa al encarnar el papel de un capitán de la Wehrmacht alemana, al que dio un carácter más humano, que difería del imperante en los filmes bélicos de la época.

En seis años de carrera había sido candidato al Oscar en cinco ocasiones, y aunque lo podría haber ganado por ¡Viva Zapata! (1952), de Kazan, o Julio César (1953), de Joseph L. Mankiewicz, lo obtuvo por La ley del silencio (1954), en la que encarnó al contradictorio Terry Malloy (el ex boxeador que merodea por los muelles de Nueva York),

En realidad Brando, que encarnaba el inconformismo frente a otras pusilánimes estrellas de Hollywood, creía que trabajaba contra el star-system, a espaldas de la industria, y ocurría, en cambio, que su personaje convenía a la gran fábrica de sueños: era el mejor vendedor de sus productos.

Un decenio después, rescatado de la medianía por Bertolucci y Coppola, quien con El padrino lo llevó a un nuevo Oscar -recogido en su nombre por una falsa india sioux como protesta por el trato a los indígenas norteamericanos-, en el Brando renacido pudo más la codicia, y con Superman (1978), de Richard Donner, con un salario de 14 millones de dólares, inauguró sus trabajos manifiestamente mercenarios y olvidables que caracterizaron la última etapa de su trayectoria. Dicen sus biógrafos que actuó así obligado por las deudas.

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